martes, 16 de octubre de 2012

Dedicarse a la enseñanza



El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia dice que el "maestro" es la persona que enseña un arte u oficio, o tiene título para hacerlo. Yo prefiero decir que soy profesor y no maestro, pues aún estoy en proceso de la obtención del título de maestro, tanto para enseñar, como para el ámbito profesional. 

En esta breve nota deseo compartir mi vivencia como profesor de Derecho, materia a la que me dedico, amo y me apasiona, tanto que he decidido enseñarla desde mi modesto nivel académico con la única intención de contribuir al mejoramiento de nuestra profesión. Esta nota tiene tintes probablemente poco comunes, pues la comparto desde mi experiencia con alumnado principalmente de carácter militar, en donde los valores, principios, usos y costumbres de cada uno cambian por un entorno evidentemente distinto al que estamos acostumbrados los civiles. 

Cuando yo estudié la carrera pensaba que mi Escuela era un recinto de exigencia, perfección y pulcritud jurídica, sin embargo, cuando salí a la realidad me topé como muchos con la abrumadora realidad de que la vida es más dura que eso; hay medios mucho más exigentes y más disciplinados, como el militar por ejemplo. Lugares donde hay más precisión, más vanguardia y más valores; eso hace al profesionista y al profesor.

Y no es por el hecho de provenir de una estirpe de profesores, quienes se han dedicado a la docencia desde el punto de vista profesional y práctico, sino porque la labor del profesor no se ciñe nada más a transmitir información y datos al educando; es además una tarea ardua que requiere una transmutación de ideas que recibimos en nuestro momento como alumnos e incuso desde casa para corregir imperfecciones. 

Creer no es acto de duda o fe como me lo enseñaron en la carrera. "Creer", según el DRAE es tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado. Sin lugar a dudas, cuando decimos "yo creo" no estamos dudando de nuestra convicción, al contrario, "tenemos por cierto" nuestro dicho. Aclarado lo anterior, yo creo que un valor fundamental del profesor es la no vejación del alumno y el altruismo. En el momento en el que un profesor veja la calidad humana de su educando, se rebaja y pierde esa calidad de maestro.


Los mandamientos que he aprendido a lo largo de más de experiencia en el campo de la docencia, los he reflexionado en los siguientes puntos:

1. Como comenté, a un alumno no se le veja. Todos hemos tenido experiencias amargas en las que un profesor abusa de su poder cayendo en lo que peyorativamente denomino "vedetismo"; por ejemplo, con azotes, golpes, gritos, amenazas, "régimen de terror"... generando así el peor sistema de aprendizaje para sus educandos. 

2. Desde mi punto de vista el aprendizaje es básicamente empírico. Sin embargo, es absurdo asignar una tarea al alumno pretendiendo que desde antes de la explicación en clase, aquél entienda una eventual lectura sin antes haber platicado el tema. Esto es, que he preferido eliminar el método de tareas "a priori", pues mi intención es explicar primero el ABC de las cosas de manera muy puntual y posteriormente proporcionar material de apoyo y para la profundización del tema y mayor abundamiento. 

3. Hasta que se aprende de docencia, uno generalmente aplica el método empírico para enseñar. Esto es, que solemos enseñar como nos enseñaron. En mi caso he pretendido pulir esas deficiencias y asperezas recordando qué era lo que yo no entendía, para no cometer el error que mis maestros cometieron. 

4. Hay que resumir. La lección es un resumen. Es una plática, una conversación. No hay que abrumar ni presumir, porque el alumnado por lo general va a copiar nuestro estilo cuando haya aprehendido algo de lo dado en la clase. No puede ser que las ideas generales no se resuman. Lo primordial y las ideas rectoras se anotan siempre en la pizarra. 

5. He implementado lo que denomino "reglas de oro" y lo que jamás debe olvidar el alumno. Por ejemplo, que toda regla general tiene excepción; que no debemos definir con la misma palabra; que no podemos definir en sentido negativo; que no podemos definir con ejemplos.

6. Siempre ser accesibles. El profesor jamás puede ser sobrado porque entonces cortamos la comunicación que genera aprendizaje. El maestro que infunde miedo no es maestro, quizá se convertirá en prefecto o rector de escuela, pero jamás en profesor. Debe infundirse respeto, pero jamás miedo. 

7. Debe haber pasión y amor a la materia. Y hablo de la docencia, no tanto de lo que se imparte, aunque combinar ambas es lo ideal. 

8. He suprimido por completo el uso de proyectores, películas, exposiciones y calificaciones. ¿Por qué? Porque la única parte de la docencia que no me gusta es evaluar por el método tradicional, debido a que esa parte se debe concretar durante todo el tiempo de comunicación con el alumno y no sólo se califica el conocimiento técnico, sino además el talento e incluso por qué no, la aplicación de valores. Evaluar es odioso.



Nunca me ha parecido sensato usar cañones en una clase. Me parece aburridísimo ver una pantalla durante dos horas proyectando lo que llaman cuadros sinópticos o bien, observar a un sujeto hablar durante una hora seguida. Es por ello, que el expositor o profesor debe cambiar el tono de voz; modular, gesticular, usar las manos; decir cosas que siempre llamen la atención y hacer que el alumno piense: "Esta persona me está dando herramientas para romper esquemas".

El que un alumno mire al maestro no quiere decir que esté poniendo atención. A sugerencia de mis alumnos he optado por preguntar diario la clase anterior, pero nunca la clase que se verá. Esto por lo ya explicado de que primero se explica, luego se profundiza.

9. El profesor se vuelve un ejemplo, se vuelve un amigo y se vuelve un asesor. El profesor que no rompe la barrera entre el "saber" y "los 50 cm que distancian el suelo de su escritorio", ha caído en el absurdo. Esto porque fui instruido en un sistema donde casi se pasa al terreno de la adoración al profesor o del señor licenciado, lo me parece totalmente absurdo. Ser profesor no es sinónimo de ser un fanfarrón que se siente más valiente.

10. Por último, en TODO CASO y de manera particular, cuando tu alumnado es mayor que tú en edad e incluso tienen una jerarquía de respeto superior oficialmente reconocida (por ejemplo, en estos momentos imparto clase a Coroneles de Caballería, Tenientes, etc).

Nótese que no he mencionado que la docencia nos mantiene actualizados, pues es un mito. Nos mantiene ágiles en el hablar, en el desempeño frente a las personas y diestros en nuestra materia, sin embargo, la vigencia de nuestros conocimientos no la podemos pulir frente a quien está aprendiendo de nosotros, sino más bien frente a quien nos estaría eventualmente examinando. 

Por último, me resta decir que la poca experiencia que tengo y mis precarios conocimientos me han comprobado que la labor de docente es reconfortante como pocas actividades lo son. El profesor no debe esperar algo a cambio, debe enseñar de manera gratuita (es diferente a prestar un trabajo gratuito, donde es absolutamente válido percibir una contraprestación); es decir, que el profesor no cobra en conocimientos, ni en dinero, ni de alguna otra manera a sus alumnos la labor desempeñada. El profesorado es una labor de altruismo y calidad humana.



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